Seguía pensándola. Le gustaba hablar con ella; saber qué palabra iba a decir o qué canción iba a escuchar. Le divertía mucho que lo que a él le asustaba a ella la hiciera reir.
Se la imaginaba doblada de la risa y sujetando su estómago, esperando que le dijera lo que sabía que le diría. Y es que eso era raro, pero hay un conducto que los mantiene conectados… casi de manera mágica.
Son tan parecidos, que no les gusta en el otro lo que les gusta en ellos. Lo cual, no creía que sea problema. Tiempo.
El McCoy, quien ve a los de Santa María de Xalpa…



