En fin, que es momento de ser rojiblanco y correr y correr y correr…

La foto es de sanfermin.com
El McCoy, quien grita: ¡Gora San Fermín!
Rayando aquí, dibujando allá, soltando tinta por acullá...
En fin, que es momento de ser rojiblanco y correr y correr y correr…

La foto es de sanfermin.com
El McCoy, quien grita: ¡Gora San Fermín!
No es el sitio definitivo donde estaré, pero por ahora cumple muy bien con las funciones de puesto de mando. La tabla de surf sirve de pizarrón para que no-olvide-lo-que-normalmente-olvido-y-no-debo-de-olvidar, cortesía de mi querida Quejumbrosa.
Hacen falta cosas, no muchas, pero me quiero esperar a que ya me pongan en mi cubículo definitivo para comenzar a llevarlas y terminar de decorar a mi entero antojo.
Por ahora tiene lo necesario para no aburrirme y cumplir con las labores propias de mi oficio. Así que, para los que lo pidieron, aquí está… el puesto de mando.
El McCoy, quien busca cajitas de clips y post-its.
La ley en México es clara. Las editoriales hacen libros para venderlos. Si no se venden, los libros deben de ir a las bodegas de las editoriales. Así los libritos que no se venden van a encerrarse y a ocupar espacio. Las editoriales pronto necesitan la bodega y tienen que sacar los libros que no se vendieron.
No los pueden regalar, pues los libros se tienen que vender. No se pueden donar a instituciones, ni dar a la caridad. De ser así, la gente menos compraría libros y se esperarían a que las editoras los regalaran. Así que, para proteger a las casas, no se puede hacer eso. Y está bien.
La (que parecía) única manera de retirarlos de las bodegas era destruyéndolos. Pero el hacerlo cuesta dinero. Así que se pensó en una alternativa. Rematarlos, venderlos a muy bajo costo, de esa manera no se gasta en la destrucción y hay personas que pueden hacerse de un libro.
El pasado fin de semana se llevó a cabo en el Auditorio Nacional el Tercer Remate de Libros organizado por el Gobierno de la ciudadmasgrandebellacaoticayadictivadelmundo en conjunto con más de 100 editoriales.
Pude ir por unos cuantos minutos y me hice de dos libros de Sir Arthur Conan Doyle (ambas novelitas sobre Sherlock) por 30 pesos (si, las dos) y de Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway por 35 varos. No’mas, para que les de envidia.
Había libros de todos los precios. los más baratos que encontré: Dos por cinco pesos. Los más caros 400 pesos. Para que no digan que leer es caro. La ignancia es más cara.
El McCoy, quien ahora necesita tiempo.

El McCoy, quien se está poniendo al tanto de tanto.




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